EL AMOR DESPUES DEL AMOR.
Valencia
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"El amor después, el amor tal vez, se parezca a ese rayo de luz.
Ahora que busqué, ahora que encontré, el perfume que lleva el dolor.
En la escencia de las almas, en la ausencia del dolor, ahora se que ya no puedo vivir sin tu amor".


Está canción de Fito Paéz la podrían haber cantado, como mensaje, cada una de las 25 mil personas que fueron a verlo "al Diego"en el estadio de Córdoba.

Esta canción se la podría cantar Diego a la pelota, para que entienda de una vez y para siempre, lo que él siente cada vez que la tiene en sus pies.

Esta canción la podría cantar el país, que ayer se detuvo frente al televisor. No para verlo jugar al fútbol, sinó, simplemente, para verlo, para sentirlo. La fiesta que se vivió ayer en Córdoba fue la confirmación de lo que muchos quieren negar y pocos pueden explicar: el amor incondicional, único, de la gente, del pueblo con "el Diego"

Como pasa siempre en estas ocasiones el partido fue una excusa para que muchos de los grandes jugadores que tuvo Argentina se juntaran nuevamente. Esta vez, con el fin de recaudar fondos para que la fundación Daniel Valencia pueda construir una escuela en Jujuy.

Más allá de las emociones, también hubo un partido. Un picado de amigos que sirvió para demostrar que hay cosas que los años no pueden derrotar. La clase intácta, la cabeza levantada, el toque sutil. Todo eso mostró Diego durante el partido que jugaron el combinado de Talleres (integrado por los jugadores más representativos de la T) y el equipo Nacional (donde jugaron jugadores que fueron campeones del mundo de 1978 y 1986).

En el primer tiempo Diego jugó junto a Daniel Valencia, los dos con la camiseta 10, en el equipo de Talleres. Lo mejor de esta etapa fue a los 25 minutos, y mereció también la mayor de las ovaciones: Diego paró la pelota en la mitad de la cancha, hizo una rara pirueta de esas que sabe él, pasándola de atrás hacia adelante con un cruce de piernas, la levantó y, de zurda, antes de que cayera, la puso en el pecho de Bravo, que entraba por el otro sector. El estadio se conmovió

En el segundo tiempo Diego se pusó la camiseta 10 de Argentina, Valencia hizo lo mismo, y "el Diez" mostró lo mejor de la tarde. Los colores celeste y blanco le devolvieron a Diego el alma y le inyectaron una dosis extra de energia. Mostró toda su clase y se dió el gusto de hacer un gol. Fue a los 8 miutos: arrancó Diego con la pelota y alargó para Burruchaga; Burru hizo la pausa y, cuando los defensores lo fueron a marcar, la tocó otra vez para Maradona, quien le pegó por encima de Baley -estaba a dos metros de él- haciéndola caer dentro del arco. Lo que se dice, una definición maradoniana. Levantó los brazos y su sonrisa le cubrió toda la cara. Salió corriendo hacia uno de los laterales para recibir la bendición de la gente. Era felíz.

A los 30 minutos del segundo tiempo, cuando el combinado de Talleres ganaba por 3 a 2 al seleccionado, por propia decisión y tras haber regalado toda su magia y más también, Diego se retiró de la cancha. Una ovación de los cuatro costado lo despidió. Diego levantó sus brazos, luego se golpeó el pecho y le agradeció a todo el estadio.

"Me sentí muy bien. Estoy muy feliz, gracias a toda la gente que me demostró su cariño" y se fue hacia los vestuarios extenuado pero felíz.

Después, ya más tranquilo volvió a hablar: "Vine por la amistad que tengo con Daniel. Mi papá me dejó venir hoy para aquí porque es su cumpleaños y se fue a festejarlo a Corrientes. Mañana nos encontraremos en un asadito para celebrarlo", anticipó.

También hubo tiempo para el recuerdo refiriendosé a un partido en la selección que había jugado junto a Valencia y a Carlos Ischia (ayudante técnico de Carlos Bianchi en Boca), en Wembley. "Jugamos muy bien, la dejamos chiquita y al final el flaco (César Menotti) me dijo: lo felicito por la personalidad con que jugó", recordó Maradona.

Respecto de esta despedida, Diego opinó que "debe refrescar la memoria a muchos, porque hay varios homenajes pendientes. Daniel lo hizo y se lo ganó. ¿Pero no lo merece Mario Kempes? Hay tantos partidos aburridos por los tres puntos, que porqué no hacerle uno de reconocimiento al 'Matador' que le arrancó tantas sonrisas a la gente ".

Por eso rescató lo de Enzo Francescoli, con su propio homenaje, y dedicó un párrafo para la hinchada de River. "Yo no tengo buenas migas con sus hinchas, pero reconozco que le respondió como tenía que ser", destacó.

Sobre su aporte reconoció que "es bueno poder colaborar con la gente, dándole un homenaje a alguien como Valencia que se lo merecía, y así lo entendió el público que en familia llegó al estadio, demostrando que es posible que la violencia se termine en el fútbol".

Se acabaron las palabras de Diego y terminó la fiesta. La gente se retiraba felíz de haber estado con Diego. De haberle demostrado que, como dice Fito Paéz "se que ya no puedo vivir sin tu amor".